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ABOGADOS






La Abogacía en España se contempla desde la doble perspectiva del ejercicio de oficio y del privado, bien sea para individuos, bien para entidades públicas o privadas.

Desde la perspectiva privada, el abogado no tiene fronteras sociales, ni políticas. Es una profesión liberal y personalísima, como la califica el Estatuto General de la Abogacía, no existiendo relación laboral entre los abogados que se agrupan en un mismo Despacho, salvo pacto escrito en contrario, pues el cliente es el que paga y con respecto al personal administrativo concurre la litis consorcio pasivo necesaria.

Es tradicionalmente una profesión para idealistas o para millonarios.

Los primeros normalmente trabajan hasta reventar apartados de la realidad económica y se olvidan de sus propias reivindicaciones de clase obrera, en casa del herrero ... Están para reivindicar los derechos de los demás pero no los propios. Es el liberalismo más puro, sin reflexión política, sin que la Revolución Francesa les haya dejado huella, discriminados por los servicios sociales que les presume beneficiarios del sistema capitalista y del enriquecimiento injusto. Su silencio, se basa en la falta de medios para luchar contra sus propios Colegios que no les escucha y les reprime sin piedad, engañándoles con la verdad, porque son entidades públicas y hay conflicto de intereses y defienden los generales y no los del profesional. Es abrumadora la falta de solidaridad de sus colegiales.

El abogado no podía, hasta que el Partido Polular les dió una tímida libertad, ejercer más allá de las fronteras de su Colegio ni hacer publicidad, su Europa terminaba en su territorio colegial y sus horizontes llegaban hasta donde deseaban las marujas y, fuese en singular o plural, estaba únicamente acompañado de su suerte, sin ningún tipo de garantía jurídica ni económica.

El Abogados millonario, con mentalidad empresarial montaba asesorías para las que no es necesaria la colegiación.

El Abogado de oficio es un voluntario nato, normalmente pierde dinero, pero el amor a su profesión se encuentra por encima de sus preocupaciones.

Como el fuego forja el hierro en el yunque, la necesidad y la preocupación diaria forja la personalidad del Abogado. Una gran parte de ellos se dan de baja y se dedican a otra cosa cuando llevan años de ejercicio, 15 años si no antes..., desesperados, agotados, fracasados. Es una profesión para superciudadanos y superciudadanas, sin ningún tipo de reconocimiento social ni reciprocidad, pero el que consigue la cima, siempre con mucho dinero o apoyo político, ve incrementar su poder y autoridad académica; más que una profesión, la vocación de Abogado es propia de los héroes.

La reforma de la Ley de Colegios profesionales de 1996 liberalizó el mercado, como muestra de disconformidad de la clase política con lo obsoleto. Franco tampoco pudo modernizar la Abogacía, "... los que vengan atrás que arreen ...". El 11 de marzo de 2004 desgraciadamente ha desmostrado que no queda ya libertad para los abogados que durante el franquismo, por mucho menos, hubiesen salido a la calle; se murió el Ilustre Pedrol y ya solo quedó... el marketing y Repsol.

Finalmente se pretende europeizar la profesión, en un intento de uniformidad. Se eliminan las barreras colegiales y se permite el ejercicio en todo el territorio nacional y excepcionalmente europeo, en un claro desafío de lucha contra la posición dominante de cartel.

Desaparecen los honorarios mínimos profesionales, haciendo competir las leyes de mercado con las exigencias de los más prestigiosos gremios, en un evidente gesto de procurar al justiciable un servicio aún más económico y adaptado a las nuevas tecnologías que ya han hecho caer imperios en el Este de Europa y hacen tambalear ahora Occidente.

Ni una imagen vale ya más que mil palabras ni mil palabras valen más que una imagen. Los datos constatados son ahora operaciones matemáticas en el ciberespacio que demuestran la crisis de este planeta y quien es su enemigo: "... ese constante desencadenante de acontecimientos inevitables al que llaman Historia que se ha acelerado de tal forma que revierte su basura y veneno contra sí misma. Los Españoles somos ya una raza minoritaria con tendencia a la extinción y seguimos tirándonos piedras como en la postguerra, primero por la Asamblea de Madrid, ahora porque no tenemos a quien echarle la culpa. Los Abogados seguimos en medio abogando por la reconciliación.

Julio de 2004. Ricardo Leal Pérez-Olagüe. Impreso en España



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